Biografía coral de Raúl Alfonsín construida con una decisión de método poco frecuente: el autor casi se retira del relato y omite deliberadamente los escritos del propio biografiado para dejar hablar a quienes lo rodearon.
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Biografía coral de Raúl Alfonsín construida con una decisión de método poco frecuente: el autor casi se retira del relato y omite deliberadamente los escritos del propio biografiado para dejar hablar a quienes lo rodearon. Amigos de Chascomús, hijos, correligionarios, adversarios y enemigos aportan versiones que se contradicen entre sí, y de ese roce emerge una figura doble —caudillo de pueblo y estadista de proyección continental— que atraviesa medio siglo de vida política argentina, del antifascismo juvenil a la restauración democrática y sus desencantos.
Un hombre que trasnochaba, fumaba y llegaba tarde a las reuniones abandona de golpe el cigarrillo, se impone una rutina y empieza a convocar gente por la mañana. Ese cambio mínimo abre esta biografía como un indicio: alguien había decidido ser presidente. A partir de allí, el libro reconstruye la vida de Raúl Alfonsín con un procedimiento explícito y sostenido hasta el final: no se citan sus discursos, libros ni documentos, y la voz del autor queda reducida a un puñado de conclusiones. Lo que se lee es Alfonsín según los otros.
El punto de partida es Chascomús, el pueblo que él mismo señalaba como trasfondo permanente de su vida: el matriarcado severo de su madre, Ana Foulkes, con sus mandatos de lectura, estudio y perseverancia; un cristianismo austero que sobrevivirá a los choques con la Iglesia; los amigos que corren a los bancos para cubrir los cheques que firmaba sin mirar. Sobre ese suelo se monta una formación política que llega de lejos: la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra fijan de una vez y para siempre un mapa de bandos, y el rechazo a toda concesión frente al totalitarismo se vuelve una convicción que arrastrará durante décadas. En los cincuenta, el modelo es Pierre Mendès France y la Cuarta República: política de partidos, debate parlamentario, coaliciones, liderazgo virtuoso. Atenas más comité.
El libro recorre después su largo aprendizaje como dirigente de minoría: la interna perdida una y otra vez, la ruptura con Balbín, el acercamiento a los sindicatos combativos y a Agustín Tosco, el encuentro con los jóvenes de la Junta Coordinadora Nacional que aportan cosmopolitismo y desmesura a un partido apolillado. Vienen las Triple A, la denuncia del terrorismo de Estado, los habeas corpus que casi nadie firmaba, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, el rechazo a la aventura de Malvinas. Y luego la campaña de 1983, con encuestas y publicidad conviviendo con la pintada y el acto, ganada contra la certeza casi unánime de que volvería a ganar el peronismo.
La presidencia aparece narrada como una empresa incomprendida y desbordada: la idea de Núremberg y el juicio a las juntas, la CONADEP, el Plan Austral, la política exterior autónoma, el divorcio vincular, los programas sociales; y en paralelo la deuda asfixiante, los términos de intercambio más adversos de la historia argentina, la presión militar, Semana Santa y el Punto Final, la derrota de 1987, la hiperinflación y la salida anticipada. El último tramo sigue al Alfonsín del llano, más cauto y temeroso del enfrentamiento de facciones: el Pacto de Olivos, la Constitución de 1994, la invención de la Alianza, el derrumbe de 2001, la banca en el Senado, la enfermedad y la despedida en el Luna Park. Un retrato hecho de testimonios en disputa, donde el puntero y el estadista nunca terminan de separarse.