Novela histórica ambientada en el primer tercio del siglo XVIII, cuando la llegada de los Borbones al trono español redibuja el mapa de Europa y sus colonias.
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Novela histórica ambientada en el primer tercio del siglo XVIII, cuando la llegada de los Borbones al trono español redibuja el mapa de Europa y sus colonias. Entre los pantanos de La Florida y las calles comerciales de Santa Cruz de Tenerife, la obra sigue a un esclavo fugado de Carolina, a la mujer semínola que lo salva y lo ama, y a la familia irlandesa asentada en Canarias cuya prosperidad se levanta sobre las mismas rutas que arrastran hombres encadenados.
El relato arranca con un muerto sin heredero: Carlos II deja vacante una corona que Europa entera codicia, y de esa vacante nace una guerra que España termina pagando con Flandes, Milán, Nápoles, Cerdeña, Gibraltar y Menorca. Sobre ese fondo de tratados y pérdidas, la novela desciende a la altura de quienes nunca firmaron nada.
En 1723, en la espesura que separa Carolina del Sur de La Florida española, un joven esclavo corre. Detrás quedan los perros alanos y el cuerpo destrozado de su compañero de fuga; delante, la promesa de que la corona española concede la libertad a quien se bautice y jure lealtad al rey. Herido y arrastrado por un río, lo recogen las mujeres de una aldea semínola diezmada por la guerra. Allí, entre cabañas de palmera y noches de brasas y cantos que no entiende, conoce por primera vez el amor en la figura de Minié, que lo cura, lo alimenta y lo elige.
Ese paréntesis luminoso dura lo que tardan los ladridos en volver. La huida se reanuda, ahora a dos, y los alcanza una cuadrilla de cazadores de hombres al mando de un renegado que vende a quien caiga, sin reparar en raza ni credo. De ese fondo emerge una milicia inesperada —negros libres uniformados bajo el estandarte del imperio— y con ella la puerta de San Agustín, el castillo de San Marcos, una pila bautismal y dos nombres nuevos.
En paralelo, la novela cruza el Atlántico hacia las islas Canarias, escala obligada de las rutas del vino, el azúcar y la trata. Un teniente irlandés de Dragones, mutilado en los campos de la península, se establece en Santa Cruz de Tenerife con su esposa alcarreña y su hija Carmen, criada con una libertad insólita para su tiempo. En la trastienda familiar conviven los relatos de caravanas africanas, los negocios con la morisma y la presencia callada de un esclavo heredado con el comercio, que acaba convertido en compañero de juegos y en miembro de la casa.
Dos mundos, una misma trama: las fortunas que se construyen en un puerto y las vidas que se pierden en un pantano son las dos caras de la misma época. Primera entrega de una saga que promete seguir tirando de ese hilo.