Una joven llega a una entrevista de trabajo decidida a cambiar su suerte y choca, literalmente, con el hombre más temido del mundo empresarial. Lo que empieza como un roce de tacones y papeles por el suelo se convierte en un pulso diario…
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Una joven llega a una entrevista de trabajo decidida a cambiar su suerte y choca, literalmente, con el hombre más temido del mundo empresarial. Lo que empieza como un roce de tacones y papeles por el suelo se convierte en un pulso diario entre una asistente que no baja la mirada y un CEO que solo entiende de excelencia. Entre contratos manipulados, filtraciones a la competencia y notas anónimas sobre el escritorio, Zyrah descubre que el poder se juega como una partida de ajedrez, y que ella ya es una pieza en el tablero.
Zyrah cruza las puertas de un rascacielos de cristal y acero con el currículum apretado entre las manos y una certeza: esa entrevista es su oportunidad de torcer el rumbo de su vida. No llega a la recepción sin incidentes. Un choque en el vestíbulo esparce sus documentos por el mármol y la enfrenta a unos ojos grises, fríos como una tormenta en alta mar. El hombre le reprocha su descuido; ella le devuelve el reproche sin bajar la barbilla. Solo después sabrá que acaba de responderle al dueño del imperio: Salazar De La Vega, el empresario que nadie contradice.
Lejos de costarle el puesto, el encontronazo se lo consigue. Salazar irrumpe en mitad de la entrevista y ordena que la contraten, sin explicar por qué. Zyrah entra así en lo que un compañero de la casa, el desenfadado Luca, llama el territorio del lobo: un lugar donde no se toleran los errores, no se reparte misericordia y la confianza se considera una debilidad. La primera prueba llega en forma de informe con plazo de un día. La respuesta de Salazar —“no está mal” no es suficiente, quiero excelencia— marca el tono de una relación laboral que es también un duelo de voluntades, y en la que cada uno descubre en el otro algo que no esperaba encontrar.
El trabajo pronto deja de ser solo trabajo. Zyrah escucha por accidente una conversación en la que un desconocido le recuerda a Salazar que el pasado siempre vuelve a cobrarse sus deudas, y recibe una advertencia sobre lo que le ocurre a quien oye lo que no debe. Aparece Sofía, elegante y furiosa, convencida de que sigue teniendo derechos sobre Salazar, y cita a Zyrah en un café para trazar una línea que más bien es una amenaza. Aparece también una cláusula extrañamente redactada en un contrato con inversionistas europeos, un punto que permitiría retirar la inversión sin pagar penalización: no un error, sino una trampa. Cuando la filtración se rastrea hasta Sofía, la enemistad personal se convierte en guerra abierta.
A partir de ahí, la novela avanza como una partida en la que nadie enseña todas sus cartas. Un sobre negro con tinta plateada anuncia que cada pieza del tablero tiene su turno. Un correo anónimo llega con la fotografía de Salazar reunido con Héctor Suárez, un antiguo socio, y una sola línea debajo: no todo es lo que parece. Alguien quiere que Zyrah dude del hombre para el que trabaja, y esa duda —le advierte él mismo— puede matar más rápido que una bala. Entre reuniones donde ella se atreve a defender cifras frente a inversionistas escépticos, roces de manos que duran más de la cuenta y silencios que ninguno de los dos sabe nombrar, Zyrah tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar. Y averiguar quién mueve las fichas desde las sombras antes de que el tablero entero se le venga encima.
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