Las memorias de Luis Rodero, redactadas desde el exilio portugués de 1937, evocan la esperanza republicana de 1931. El reencuentro en París con su antiguo camarada Pepe Rotal reconstruye la ilusión colectiva previa a la proclamación de la…
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Las memorias de Luis Rodero, redactadas desde el exilio portugués de 1937, evocan la esperanza republicana de 1931. El reencuentro en París con su antiguo camarada Pepe Rotal reconstruye la ilusión colectiva previa a la proclamación de la República y el retorno a Mirabel, donde lo aguardaba Áurea. La guerra civil que ahora devasta España tiñe estas remembranzas de melancolía, mientras el narrador confronta su pesimismo sobre el futuro con los sueños que una vez brillaron con tanta intensidad.
Las memorias de Luis Rodero constituyen un testimonio de la esperanza y la desolación que marcaron a la República española. Escrito en enero de 1937 desde una aldea portuguesa mientras aguarda el veredicto de su expulsión, el relato se remonta seis años atrás, a París, donde la ilusión republicana alcanzaba su apogeo en las vísperas de las elecciones de abril de 1931.
En el salón parisino donde se reúnen exiliados españoles, Luis reencontrará a Pepe Rotal, su viejo compañero de luchas estudiantiles en Madrid. A través de Rotal y su acompañante Juliette, una mujer argentina de mirada oriental, Luis experimenta nuevamente la fe en el cambio político. Sin embargo, su escepticismo natural lo mantiene apartado: mientras sus camaradas celebran la inminencia de la República, Luis advierte los peligros de la intolerancia y el conflicto entre españoles.
Cuando Rotal le propone que se integre al nuevo Parlamento republicano, Luis rechaza la propuesta. Prefiere regresar a su tierra, a Mirabel, en busca de la tranquilidad que ha perseguido durante años de destierro. Allí lo espera Áurea, la mujer que ha habitado sus sueños durante el exilio. Su reencuentro en la estación representa el cumplimiento de los anhelos más profundos, la certeza de que los sueños luminosos de la infancia y la juventud pueden, en efecto, realizarse.
Los años posteriores de la República traen momentos de dicha familiar con Áurea y el reencuentro con su hermano Francisco. Pero ahora, escribiendo desde el exilio nuevamente, Luis debe confrontar la amargura del fracaso. Los sueños compartidos con Rotal se han desvanecido. La guerra civil consume a España, los españoles se enfrentan entre sí, y la República por la que se luchó yace derrotada. El pesimismo que Luis expresaba años atrás ha resultado profético.