Toledo, 1817. La hija única de un terrateniente acaudalado y un joven que regresa tras doce años en el mar cruzan sus caminos mientras una conspiración financiera se teje a espaldas de todos.
Descargar
Toledo, 1817. La hija única de un terrateniente acaudalado y un joven que regresa tras doce años en el mar cruzan sus caminos mientras una conspiración financiera se teje a espaldas de todos. El prólogo, un año después, ya anuncia adónde conduce: un sótano cerrado con llave, un camisón manchado de sangre y una puerta que se abre.
En la primavera de 1817, Manuel Céspedes celebra sus bodas de plata con una cena que no puede permitirse. Antiguo alcalde mayor retirado de la política por hastío, reconvertido en agricultor a las afueras de Toledo, acaba de perder una fortuna en una aventura marítima que nunca debió emprender: dos barcos cargados de membrillo rumbo a las Américas, y ninguno de los dos llegó. A sus setenta años, con la gota castigándole los pies y una desconfianza que solo hace excepción con su viejo amigo y administrador Pedro Ávila del Real, le inquietan dos preguntas que no sabe separar: cómo enseñar los negocios a una hija a la que apenas logra interesar en ellos, y cómo elegir, entre todos los pretendientes que rondan a una muchacha de veinte años y gran fortuna, cuál no viene solo por la fortuna.
Esa misma noche, seis leguas al sureste, en una casa de Orgaz que se cae a pedazos, Lorenzo Medina contempla el retrato acuchillado de su padre. Se marchó a los trece años, se enroló sin paga en un navío militar rumbo a las Américas y volvió doce años después convertido en otro hombre: alto, endurecido, con las manos encallecidas por las vergas y una mirada que no se olvida. Encontró las tierras abandonadas, la casa vencida y a sus padres muertos sin que nadie se lo hubiera dicho. Regresa a saldar una cuenta y descubre que el tiempo la ha saldado por él, lo cual no lo consuela en absoluto. Su primera visita no es de cortesía: va a buscar al médico que años atrás le negó el auxilio que le suplicó, y le promete que volverá a saber de él.
En Toledo lo espera Mario Abenojar, el anciano ganadero que financió su huida y ahora se aferra a una segunda esposa mucho más joven y a un negocio que los franceses arruinaron. Entre coñac y confidencias, Mario le ofrece algo más que hospitalidad: la propuesta de entrar en una operación de exportación e importación de plata mexicana, y la confesión de que él y el administrador de Céspedes ya han desviado uno de sus barcos. La ruina que Manuel atribuye a la mala suerte y a los piratas de las Bahamas tiene, en realidad, nombres y apellidos sentados junto a la chimenea.
La novela reconstruye ese Toledo de casas del XVI, patios de geranios y galerías en voladizo, todavía con la guerra de la Independencia en la memoria reciente: los saqueos, los fusilamientos, las cosechas destruidas, los muertos de los que nadie quiso hablar. Sobre ese fondo se cruzan la ambición de quienes no tienen nada que perder, la ceguera de quienes creen tenerlo todo controlado y la vida de Julia, que duerme con las cortinas abiertas porque no soporta la oscuridad. El prólogo, fechado un año más tarde, ya ha dicho dónde termina para ella esa primavera: encerrada en el sótano de su propia casa, recordando poco a poco lo que ha pasado, mientras alguien baja las escaleras.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.