Dos amigos recién salidos de prisión planean robar una reliquia expuesta en la Catedral de Valencia; a la mañana siguiente, una inspectora de homicidios con más resaca que respuestas encuentra la ciudad convertida en escenario de algo…
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Dos amigos recién salidos de prisión planean robar una reliquia expuesta en la Catedral de Valencia; a la mañana siguiente, una inspectora de homicidios con más resaca que respuestas encuentra la ciudad convertida en escenario de algo mucho más antiguo y oscuro de lo que cualquiera imaginaba. Primer libro de una historia que arranca en un bar de barrio y termina tocando la traición más famosa de la historia.
En una librería del barrio de Velluters, una escritora primeriza presenta la novela que ha construido a partir de los relatos que su madre le contaba cada noche antes de dormir. Su madre juraba que todo aquello era verdad, que ella misma lo había vivido. La hija nunca dejó de preguntarse lo mismo: ¿y si aquellas treinta monedas de plata existieron de verdad? De esa duda nace lo que viene después.
Valencia, 2019. En un bar de Malilla donde el tiempo parece detenido veinte años atrás, Simón y Pedro beben cazalla y hacen recuento de una vida que nunca les ofreció otra salida. Acaban de salir del centro penitenciario de Picassent y el barrio los ha recibido exactamente igual que los despidió: sin trabajo, sin dinero, sin sitio donde caerse. Simón salió de la cárcel con una Biblia regalada por el capellán y la promesa de enderezarse; también salió con un dato escuchado por casualidad en la mesa de al lado. Hay algo expuesto en la Catedral, a la vista de cualquiera, custodiado por un único vigilante que solo revisa mochilas en la entrada. Un golpe rápido, limpio, el último. Lo suficiente para empezar de nuevo en otra ciudad. Ninguno de los dos sospecha que tienen razón en lo esencial —sus vidas van a cambiar por completo— y que se equivocan en todo lo demás.
A la mañana siguiente, el teléfono de la inspectora Sara López no deja de vibrar en su día libre. Catorce llamadas perdidas de su compañero Enrique y un mensaje sin adornos: que corra a la Catedral antes de que llegue el comisario. Sara llega tarde, con resaca, sin encontrar el coche y con la ciudad colapsada por un congreso internacional. Lo que se encuentra al cruzar la Puerta de los Apóstoles supera cualquier previsión: dos coches patrulla en la Plaza de la Virgen, un cordón policial, una multitud grabando con el móvil, las televisiones montando sus conexiones en directo y la nave central tomada por técnicos que fotografían cada rincón. Un despliegue así solo se justifica con algo enorme detrás.
Mientras tanto, en el Paseo de la Pechina, Daniel cumple su rutina milimétrica de cada mañana: correr el cauce del Turia, pesas, flexiones, ducha, desayuno, y después abrir La Taberna, el local rockero que compró sin regatear y reformó con sus propias manos. Su empleada Claudia lleva dos años enamorada de un hombre que atrae a todo el mundo sin proponérselo y que no corresponde a nadie. Daniel se ejercita hasta el agotamiento aunque no lo necesita, porque los que son como él no lo necesitan. Repite rutinas porque quiere parecerse a los demás, ocupar un espacio entre ellos, cumplir una promesa hecha mucho tiempo atrás.
Este primer libro entrelaza el robo de dos perdedores, una investigación policial bajo el foco mediático y la presencia de alguien que no pertenece del todo a este mundo, sobre el telón de fondo de una Valencia reconocible hasta en el detalle: las obras eternas, las Torres de Serrano, los bares de barrio, la Plaza de la Virgen. Un thriller de raíz criminal que se abre hacia lo sobrenatural, escrito con diálogo callejero, humor áspero y la sospecha creciente de que las historias que una madre contaba de noche eran, después de todo, un testimonio.
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