Un ensayo histórico que reconstruye el asesinato de Luis Carrero Blanco como la jornada que abrió el tiempo de la transición española. A partir de ese magnicidio, el libro explica el nacimiento y la evolución de ETA, la lógica de la…
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Un ensayo histórico que reconstruye el asesinato de Luis Carrero Blanco como la jornada que abrió el tiempo de la transición española. A partir de ese magnicidio, el libro explica el nacimiento y la evolución de ETA, la lógica de la violencia como estrategia política y el modo en que una organización surgida en el nacionalismo vasco acabó condicionando durante medio siglo el debate español sobre democracia, nación y terrorismo.
Hay fechas que no son solo fechas. En la serie que reconstruye el siglo XX español a través de siete días decisivos —de 1898 a 2004—, este volumen se detiene en el atentado que segó la vida del presidente del Gobierno de la dictadura y quebró, de golpe, los equilibrios sobre los que el régimen había planeado su propia continuidad. El libro parte de un principio de método: mirar muy de cerca un solo día para entender un periodo entero. La aproximación micro se convierte en la llave de una comprensión macro.
El relato arranca en una escena menor y reveladora: una mesa de café en San Juan de Luz, en la primavera de 1974, donde un periodista especializado conversa con dos dirigentes de la organización que acaba de ejecutar el atentado. En sus palabras —sacar al pueblo de su pasividad, situarse en la vanguardia del movimiento obrero, transformar un nacionalismo tradicional en otro revolucionario, internacionalizar la cuestión vasca— está ya condensado todo el programa y toda la trayectoria de ETA. El autor toma ese testimonio como brújula y lo despliega hacia atrás y hacia delante en el tiempo.
El resultado es una historia de la violencia y de sus consecuencias políticas. Se examina cómo la organización nació para sacudir a una sociedad sometida a una dictadura en su fase desarrollista; cómo fundió la reivindicación nacional con la social hasta hacerlas indistinguibles; cómo su mecánica de acción-represión se alimentó de una respuesta policial ciega, arbitraria y sin garantías; y cómo el juicio de Burgos, lejos de liquidarla, la resucitó y alumbró la generación que preparó el magnicidio. El libro sigue también el reverso oscuro de esos años: la guerra sucia, los grupos parapoliciales, los asesinatos cruzados, el periodista mediador ejecutado por quienes antes le habían hablado.
En paralelo, se reconstruye el aparato de información del franquismo tardío —comisarios, confidentes, infiltrados, servicios que se solapan y se disputan competencias— y la incapacidad del régimen para reconocer a tiempo la naturaleza del adversario que tenía delante. Hay retratos de policías y de militantes, de mandos y de adolescentes que empezaron jugando con una pistola en el monte, porque la historia que aquí se cuenta la protagonizan hombres y mujeres de carne y hueso, no abstracciones.
Sobre ese entramado se levanta la tesis central: desde aquel atentado y hasta el final de su recorrido, ETA protagonizó o interfirió en los tres factores decisivos de la política española contemporánea —la democracia, cuya legitimidad negó como falsificación; el nacionalismo, cuya demanda situó en lo más alto de la agenda; y la violencia, que adquirió una centralidad insólita y obligó a organizar en torno a ella la vida pública de todo un país. El libro discute con serenidad las lecturas conspirativas y los ejercicios contrafactuales que el magnicidio ha suscitado, y sostiene una conclusión menos espectacular y más exigente: aquella acción trastocó los equilibrios del momento sin dictar lo que vino después.
Escrito con rigor y sin renunciar a la crítica, pero pensado sobre todo para ser leído, este ensayo ofrece a la vez la crónica de una jornada, la biografía política de una organización y una reflexión sobre lo que costó —y sobre lo que dejó abierto— el paso de la dictadura a la democracia en España.
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