Escrito por dos veteranos de la contrainteligencia cubana, este volumen de la serie «La Guerra Secreta» reconstruye 1963: el año en que Washington ensayó la llamada «doble vía» contra La Habana y en que un presidente fue asesinado en…
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Escrito por dos veteranos de la contrainteligencia cubana, este volumen de la serie «La Guerra Secreta» reconstruye 1963: el año en que Washington ensayó la llamada «doble vía» contra La Habana y en que un presidente fue asesinado en Dallas. Entre la crónica de operaciones encubiertas y la hipótesis histórica, el libro sigue el rastro de agencias, exiliados y mafiosos, y propone una lectura del magnicidio desde la memoria y los papeles de quienes estuvieron del otro lado del conflicto.
En 1963 la guerra encubierta entre Washington y La Habana alcanzó una intensidad singular, y ese año es el eje del libro. Fabián Escalante Font, que entonces dirigía con veintidós años una unidad de contrainteligencia, y el coronel Arturo Rodríguez Mendoza reconstruyen desde dentro la maquinaria de operaciones que siguió al fracaso de Playa Girón y al desmontaje de la Operación Mangosta: emisoras de propaganda, reclutamientos por correspondencia con mensajes en escritura secreta, infiltraciones, alijos de armas enterrados en la costa, planes de sabotaje y atentados.
La primera parte traza la genealogía del diferendo —de las medidas revolucionarias de 1959 a la Crisis de Octubre— y describe la alianza que los autores llaman «el mecanismo cubanoamericano de la CIA»: agencia, exilio organizado y crimen organizado unidos por la pérdida de negocios, poder y expectativas, y por la convicción de que Kennedy los había traicionado. En paralelo, la administración ensayaba la «doble vía»: apretar el bloqueo y la subversión mientras exploraba una negociación con Cuba.
La segunda parte se ocupa del asesinato del presidente. Los autores recorren el complot AM/LASH y la figura de Rolando Cubela Secades, el episodio de México, la trayectoria de Lee Harvey Oswald y sus contactos, los viajes de Jack Ruby y la campaña posterior por atribuir el crimen a La Habana. Su hipótesis apunta a la misma red que llevaba años intentando matar a Fidel Castro.
El tono es el de un informe razonado más que el de una revelación definitiva: Escalante advierte que escribe desde el recuerdo, sin acceso a documentación, que lo esencial sigue oculto y que su propósito es aportar piezas a quienes puedan seguir buscando. Anexos con cronologías de acciones subversivas y listados de exiliados investigados completan un volumen que interesará tanto a lectores de historia de la Guerra Fría como a quienes siguen el debate abierto sobre Dallas.
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