Un recetario doméstico concebido como herramienta de trabajo diario. Simone Ortega reúne recetas numeradas y agrupadas por capítulos clásicos —sopas, pescados, carnes—, bautizadas por sus ingredientes antes que por nombres vistosos, y las…
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Un recetario doméstico concebido como herramienta de trabajo diario. Simone Ortega reúne recetas numeradas y agrupadas por capítulos clásicos —sopas, pescados, carnes—, bautizadas por sus ingredientes antes que por nombres vistosos, y las acompaña de calendarios de temporada, tablas de calorías, raciones por persona, tiempos de cocción y menús semanales. Un libro pensado para responder, con precisión y sin retórica, a la pregunta de qué cocinar hoy.
La obra se presenta sin ambición de hacer época: quiere ser un libro práctico, de su tiempo, dirigido a quienes —mujeres y también hombres— asumen a diario la tarea de cocinar. Esa declaración de intenciones organiza todo lo demás. Las recetas avanzan con numeración correlativa dentro de los capítulos habituales del género y se identifican por sus ingredientes, de modo que el índice alfabético remite a un número y no a un nombre decorativo.
Antes del recetario propiamente dicho aparece un aparato de referencia poco frecuente en los libros de cocina: un calendario de productos por meses, para comprar lo mejor al precio más razonable sin desdeñar lo que ofrecen los congelados; una tabla de calorías por cada cien gramos de alimento crudo, que ordena carnes, pescados, verduras, frutas y grasas; y una relación de cantidades por comensal —arroz, legumbres, pescado, patatas, pasta— junto con tiempos y temperaturas de asado para vaca, ternera, cordero, cerdo y pollo, con la recomendación de dejar reposar la carne unos minutos con el horno ya apagado.
A esto se suman menús semanales pensados por estación, sugerencias de almuerzos y cenas para invitados, una selección de platos fríos de verano y un repertorio de consejos de oficio: cómo machacar el ajo sin que escape del mortero, cómo salvar una mayonesa cortada, cómo corregir un plato demasiado salado, cómo comprobar la frescura de los huevos o cómo quitar de las manos el olor a cebolla.
El cuerpo del libro arranca por los aperitivos, con masas para tartaletas, canapés, emparedados, medias noches, croquetas, frituras de queso y preparaciones de fiambre, pescado, marisco y verdura. El conjunto cierra con un epílogo sobre el vino en la mesa, encargado al restaurador Jacinto Sanfeliu, porque una comida sin vino —sostiene la autora— no lo es en plenitud. Más que un catálogo, el resultado es un método de casa: instrucciones claras, medidas domésticas —el vaso de vino, la cucharada sopera— y la convicción de que guisar bien se aprende leyendo con atención.
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